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miércoles, 20 de mayo de 2026

Tete y compañía

  



 Tete y compañía.          

Hoy les quiero contar sobre Tete, la mascota que heredé de Isadora cuando ella no pudo llevársela a Nueva Zelanda por razones que antes ya había relatado. No fue sorpresa porque siempre intuí que eso podía pasar, y aquí estamos ocho años después  compartiendo con Tete y cubriendo todas sus necesidades. Ahora, en esta etapa de jubilado, la hemos trasladado de ambiente y le hemos cambiado el cómodo apartamento de Providencia por este otro entorno rural, Guanaqueros.  

Las mascotas de ciudad suelen disfrutar el doble cuando descubren la libertad que les brinda el campo y la playa, el espacio abierto, el aire más puro, el silencio y el sonido de las aves que pueblan el entorno. Acá en Guanaqueros se ha sumado un entretenimiento a los paseos de la Tete. Se trata de dos perras tan adultas como ella, pero que la superan en tamaño y volumen. Blue y Negra. Son vecinas. Todas las mañanas vienen temprano y esperan pacientemente a que salgamos al paseo matutino. ¡Qué gran compañía han armado! Al principio yo andaba con recelo, sobre todo porque la Blue y la Negra, aunque tienen dueño, se han criado bastante salvajes y al parecer no tienen hábitos ni comandos establecidos. Lo que descubrí con el tiempo es que el placer de ellas residía en custodiar a la más pequeña y en varias ocasiones han demostrado su valía al defenderla cuando se acercan otros perros. Son como verdaderas guardaespaldas. Una con más energía que la otra dosifica su andar para no desenmarcarse del trio. Y Tete ha empezado a copiarles. Antes en Providencia evadía los charcos de agua de una manera bastante aristócrata, en cambio ahora los busca con entusiasmo y los enfrenta, ojalá con lodo porque eso la hace sentirse parte de la manada. No tengo claro si es por copiona o por placer, pero lo concreto es que se sacudió las reminiscencias del barrio citadino. Dejó atrás los ruidos de la ciudad, el cemento y pavimento de Andrés Bello para mimetizarse a tiempo completo con  este nuevo entorno natural. Verla pasear e interactuar libremente, me llena el corazón. Sus patitas llenas de barro es en todo caso una cuota de felicidad para mí y entiendo que esta vida, mitad campo, mitad playa, le ha devuelto su lado más salvaje sin dejar de ser la tierna perrita de antes. Sigue con sus otros hábitos, sus largas siestas y una que otra exigencia cuando se acerca la hora de comer, porque en eso sigue siendo muy fina. Pollo a la parrilla, pescado fresco, salmón austral. Pablo, mi cuñado, siempre dice que cuando él muera se quiere reencarnar en la Tete porque “Pucha que come bien”.   Tete, la Blue y la Negra suena como el nombre de la mejor  banda perruna  de rock del desierto, pero en realidad son tres adorables perros que se acompañan y dan placer. Se sientan sobre el pasto y estropean las añañucas. El paisajismo no es lo de ellas y podrían catalogarlas de criminales los ambientalistas. Lo importante es que desde su comportamiento salvaje y natural ha nacido una genuina amistad que solo yo he logrado entender. El amor está ahí, se materializa dos veces al día en las mañanas y en las tardes cuando nos toca con calor, frío o lluvia salir a enfrentar por estos caminos la indómita naturaleza. Bienvenidas estas vecinas y bienaventurados los que podemos  disfrutar a las tres. 

                                         Guanaqueros  2026