Vagando por negros caminos
A Jorge Ignacio Zaldivar lo conozco desde mi temprana adolescencia cuando visitaba a mi familia con frecuencia en Camagüey. Porque pasar por casa y compartir un café o unas torrejas en almíbar preparadas por María Rabassa para él era un placer. Y Jorge como sabía hacer de todo un poco, aprovechaba para ajustar una puerta, clavar un cuadro, colocar un tornillo, revisar una cañería y cambiar un mueble de lugar. Iban apareciendo cosas que a mi madre se le ocurría que ya era hora de reparar. En eso la pasábamos, inventando y resolviendo en un país ya entonces sin ferreterías y por supuesto sin herramientas, ni repuestos. Luego nos mudamos a La Habana y su familia también. Y la historia se repetía.
- Jorge, revísame la plumita que está como trancada. - le pedía mi mamá.
_María Rabassa, el problema no es la llave, es la falta de presión del agua y las tuberías, que son de la época colonial.
Así que seguimos siempre en contacto. Jorge hoy reside en España, pero eso no quita que nos mantengamos conectados. A ratos compartimos actualidad internacional tal como hacíamos en La Habana cada vez que yo regresaba de un viaje del extranjero. Hasta el día de hoy de vez en vez seguimos revisando y repasando detalles del presente y pasado de Cuba. En estos días me habló de un reportaje, que le había impactado, acerca de un chileno, cuya historia y nombre él por primera vez escuchaba. Se trataba de Max Marambio, sus negocios en la isla, sus vínculos con el poder, su vertiginoso ascenso y su estrepitosa caída con un final delicado y escabroso a la vez.
– Oye Manolito, de las cosas que uno se entera estando fuera del país. ¡Qué cosa más grande, Caballero!
– Jorge, todos los días salen a luz cosas que uno nunca se imaginó que sucedían en la isla.
De estas y otras tantas cosas Jorge Zaldivar se venía a enterar 16 años después, porque en la hermética Cuba castrista no se mencionaban estos temas y si acaso aparecían pequeños guiños, pedacitos sabrosos que se ventilaban en reuniones y cumpleaños donde no faltaban empresarios y militares quienes después de unos tragos de ron daban rienda suelta al cotilleo, nutriendo con anécdotas el amplio abanico de comidilla nacional.
– Jorge, el Tal Max Marambio es todo un personaje. Entrañable amigo de Fidel Castro, de esos pocos amigos que lograban hasta colarse en la cocina del comandante a comer langosta a altas horas de la madrugada. Lo mismo que hacía Gabriel García Márquez. Y no te estoy mintiendo, está documentado por ellos mismos. Uña y carne. ¡Ya te puedes imaginar!
_ O sea, ¿mientras tú o yo estábamos de dos a cinco de la madrugada haciendo la guardia del Comité, estos se atragantaban con mariscos?
_O mientras Mayra, tu mujer, cuidaba una cola a esa mima hora para comprar un par de zapatos por tarjeta para tus hijos, ellos discutían desde una amplia y cómoda cocina cómo hacer de este mundo un espacio mejor y más democrático.
– Jajaja. Una cocina bien abastecida, supongo. Pero de nada le sirvieron las cenas largas y suculentas si después cayó en desgracia y en los giros turbulentos de los acontecimientos se llevó también la vida de su socio comercial Roberto Baudrand. Al menos eso es lo que he leído.
– Tienes toda la razón. Del Gerente General de la empresa Río Zaza, Roberto, chileno también, se escribió mucho en su momento. Por eso conozco la historia. Y dentro de Cuba, desde la cúpula del poder, muchos tildan a Marambio de descarado, revolucionario oportunista que devino en auténtico capitalista en un territorio socialista.
_Vaya mezcla, que más parece trabalenguas.
_Y otros, cuando hablan de él, terminan el relato sin mayores argumentos con una frase muy cubana “cayó en desgracia bajo las botas que sin remilgos gustó lamer”.
_Fuerte comentario, amigo.
_Fuerte, pero son las cosas que han salido a la luz. Basta con buscar en internet.
A esta altura del chateo, que prometía ser interesante hice una pausa y me dispuse a prepararme algo de tomar. Esta historia se ponía sabrosa y debía trasmitírsela a Jorge, hombre ávido de conocimientos, con los detalles que yo conocía y podía aportar. Esta conversación indiscutiblemente merecía un trago, pero como dice Delma, mi esposa, “sería un verdadero despropósito tomar tan temprano” y como yo religiosamente no abro el bar antes de la una, intuyendo que este chateo tomaría su tiempo decanté por un té.
Recostado en mi cómodo butacón con vistas al mar le conté a Jorge que Max había construido desde la década del noventa a expensas de Cuba una exitosa carrera empresarial. Logró lo más difícil, concretar lazos de confianza con la cúpula política y su máximo líder. Se decía que era uno de los extranjeros más influyentes. Nadie entendía dónde comenzaba lo político dónde terminaba su lado de empresario capitalista, pero lo importante y necesario era que contaba con el visto bueno del comandante y eso era más que suficiente.
_También leí que Max llegó a decir que “en Cuba no había carencias fundamentales”
_ ¿Acaso el amigo de Fidel, que vivía con todas las comodidades habidas y por haber, que entraba y salía del país como Pedro por su casa, no conocía de las interminables colas, de los eternos apagones, de la escasez permanente de medicamentos básicos, alcohol, aspirina, algodón?
–Ese nunca estuvo por mi barrio, ¿Te acuerdas Manolito en las condiciones que estaba?
_Y eso que tu barrio no era de los peores. Tampoco caminó alguna vez por las calles insalubres de La Habana Vieja donde las casas se caen a pedazos, visitó solares con sus viejos postrados que dependen de una misera jubilación y de la caridad del vecino. No se topó con cubanos que día a día luchan contra la mediocridad y el abandono. No amigo mío. Max estaba pendiente del resultado final de su negocio que consistía en vender a los cubanos de a pie un juguito de fruta cubana, cultivada y cosechada por los mismos cubanos. ¿Te acuerdas? Un jugo que costaba 80 centavos dólar cuando el salario promedio era de 13 dólares al mes.
_Así miso era y así sigue siendo.
_María Rabassa, mi madre, ganaba 9 dólares, ¿cómo podía destinar casi un dólar a un juguito nacional? Jorge, bien decía mi abuelo, que en la época de Batista en cualquier rincón había puestos de frutas con exquisitos y refrescantes jugos naturales. Entonces los jugos de Max sabían a contradicción del sistema. Nadie se detuvo a pensar en ello, miraban para el lado y en esta isla, del sálvese quien pueda, se beneficiaba el más astuto. Así se expandió el imperio Marambio y se desarrolló sin inconvenientes hasta que explotó el caso de corrupción y desvío de recursos.
Cuando se destapó la olla del denominado caso Marambio, a diferencia de Jorge, yo en Chile tenía acceso a mucha información, revisaba los apuntes y sacaba mis propias conclusiones. Sometida su empresa Río Zaza a juicio y tras perder de un día para otro el apoyo del máximo líder, su entramado negocio, que ya abarcaba líneas aéreas e inmobiliarias, se vino abajo. El mismo sistema que lo ensalzó lo sepultó de un plumazo.
_Jorge, complementando lo que tú me cuentas, eso del desplome fue en el 2009. Los sectores más ortodoxos dentro de la vasta casta militar pedían su cabeza. El señor que implementó mecanismos capitalistas en suelos estalinistas ya no era bien mirado. Max se escabulló como pudo, a lo mejor ayudado por antiguos amigos que le debían favores. Sabía que no podía volver a la isla. Eludió y evadió la justicia so pretexto de que no tendría un juicio digno.
_O sea, ¿desconoció la justicia socialista que tanto pregonó?
_Tal cual, al parecer en ese momento dejó de ser la justicia socialista justa y decorosa. Declarado en rebeldía y con orden de captura internacional se esfumó dejando a su socio en la cloaca comunista bajo la estricta lupa de los órganos de seguridad del Estado y la pesada bota del Poder.
_ ¿Y qué pasó con su socio?
_Abandonado a su suerte, el socio quedó retenido en la isla con orden de arraigo y no lo salvó ni el médico chino. Lo encontraron sin vida en su casa de Playa un 14 de abril del 2010. Por supuesto que el suceso generó conmoción y tensión diplomática entre La Habana y el gobierno de Piñera. Los familiares cuestionaron la versión oficial de las autoridades cubanas quienes hablaban de un paro respiratorio como causa de muerte y hasta se habló de suicidio. Se pidió explicaciones. Se aseguraba en algunos círculos que lo habían eliminado para silenciarlo. E incluso se exigió que extraditaran el cuerpo para realizar otra autopsia y revelar la verdadera causa de muerte.
_ ¿Y se supo algo?
_La cancillería hizo gestiones y negociaciones para levantar la orden de arraigo y así poder trasladar el cadáver. Tras el arribo del cuerpo, un silencio sepulcral se adueñó de la historia. Nunca se sabrá.
– O sea, misterio sin resolver.
_ Pero te cuento más, querido amigo. Como este mundo es tan chico la vida estuvo a punto de ponerme literalmente a cenar al lado de Marambio. Te haré el relato corto, pero espera un poco.
Jorge, una colega de trabajo, cuya hija contraía matrimonio me invitó al magno evento y para sorpresa mía me comunicó un par de días antes que me había ubicado en la mesa al lado del distinguido Max Marambio. Cómo tú comprenderás, se me revolvió el estómago en el instante y le comenté mis razones para declinar la invitación, o en el mejor de los casos le pedí que procurara cambiarme de lugar. "Imposible_ me respondió _ ya está todo planificado". Ella había obrado de buena fe. Qué mejor que ubicarme al lado de un hombre que había estado vinculado con Cuba tanto tiempo.
_ ¿Y qué tú hiciste; hermano?
_Nada. Entendiendo los protocolos chilenos y los estrictos plazos para poder realizar cambio alguno, desestimé asistir. No podía estar comiendo al lado de un hombre vinculado a operaciones secretas militares y comerciales, las palabras Gap, Mir, tropas especiales. Tendría que preguntarle por su amistad con los hermanos Tony y Patricio de la Guardia, uno fusilado y otro preso por la dictadura cubana. Todos estos datos y situaciones eran demasiado sensibles. Mucho polvo debajo de la alfombra. Una aspiradora nos resultaría fatal.
_ ¡Tremendo!
_En resumen, no tuve estómago para estar cerca de él. La colega lo entendió porque al igual que tú no tenía ni la menor idea de toda la mochila llena de caca que cargaba este hombre y cuyo historial yo conocía desde mucho antes.
_Cualquiera haría lo mismo en tu lugar.
_Así terminó esta historia. Por eso cuando me hablaste hoy de Marambio fue como un “es el momento de vomitar”. Compartir esta historia sirve para refrescar, para entender cuán engañados nos mantuvieron y cuántas otras muchas cosas faltan por salir a luz.
_Y capaz que no sepamos hasta que se caiga el régimen y se abran los expedientes secretos tal como ha ocurrido en Alemania Oriental y en los países de Europa de Este.
_Totalmente de acuerdo.
_Agradezco todo lo que me has contado, porque complementa lo que vi en ese reportaje periodístico. No sabía lo que significaba GAP (Grupo Amigos Personales) algo así como la guardia armada del presidente. Tampoco sabía de la relación estrecha de Max con Allende, entre otras cosas.
_ Las vueltas de la vida y la experiencia dicen que no hay mal que dure cien años y más tarde que nunca la verdad saldrá a la luz.
_ ¿Y qué es de su vida hoy en Chile?
_Hace poco vi una entrevista. Está alejado de la política, centrado en sus negocios. Se le veía sólido, y ante las preguntas capciosas no acusó recibo. No carga ni asume culpas. Insiste en que hizo el bien y actuó correctamente. Esa fortaleza podría ser considerada por sus detractores como cinismo. ¡Vaya usted a saber!
_La fortaleza desde la vereda del poder.
_Me has sacado la palabra de la boca. Por otro lado, olvidé contarte que hasta donde sé, la familia de su socio comercial, por respeto, no solicitó segunda autopsia y se atrincheraron con su dolor en silencio frente a los medios de comunicación.
_Yo acá leí unas declaraciones suyas a raíz del gobierno de Díaz–Canel y su desenvolvimiento en el poder. Era un análisis, desde su óptica, bastante profundo. Contó que lo conocía desde los años ochenta. Mira desde lejos el proceso, pero no se distancia totalmente de él. Todavía ve esperanzas donde le pueblo ve desilusión y asevera que “Díaz –Canel actualizará el modelo económico, eufemismo que en Cuba se usa cuando quieren cambiar algo para lograr una vitalidad inexistente”- palabras textuales. Argumenta que el poder está absolutamente en manos de Raúl.
_Exacto. ¿Y te das cuenta de que habla de Raúl y los altos dirigentes como si se tratarán de viejos y entrañables amigos? Muy raro por decirlo de algún modo.
_En esa entrevista habló de la dependencia de Cuba de la URSS, del período especial, cuando la gente pasó hambre y enfermó, de las vicisitudes del pueblo. Ahí lo encontré más sobrio, con giros inteligentes. Hablaba con cariño y nostalgia. Y como dices tú, yo tampoco entiendo nada.
_ ¡Qué terrible de todo lo que uno se va enterando con el paso del tiempo! - Enfatizo.
_Así es amigo mío. ¡Y no hay más na!- como decimos en Cuba.
_Dejémoslo hasta aquí porque en esta historia seguirán los cabos sueltos, los cabitos caprichosos que aún están por ser contados. Gracias Jorge. Gracias por este espacio y tu tiempo.
De fondo, mientras vamos cerrando el diálogo, escucho un bolero de Orlando Contreras “vagando por negros caminos”. Miro mi copa de vino, la alzo y refresco mi paladar. Obvio que seguiremos en contacto-pienso- seguiremos descifrando el tedioso pasado y la mierda qué nos tocó consumir desde que éramos muy jóvenes.
Y me despedí de mi amigo Jorge con esta frase que dijo alguna vez un filósofo “La alegría es fugaz y superficial, el sufrimiento y el dolor que nos provocaron tienen carácter eterno”.
Guanaqueros, septiembre 2026.