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martes, 6 de octubre de 2026

Guanaqueros - un pedacito de paz

 



Guanaqueros - un pedacito de paz

A los ojos de otros siempre habrá algo que falta…o que sobra. La verdadera libertad es vivir sin pedir permiso al juicio ajeno. 

                             (Se lo tomé prestado a mi amiga Paola Torres)

Ni tan cerca como para que las olas rompientes en la costa me desvelen, ni tan lejos como para dejar de escucharlas al lamer la orilla del mar. Aquí tengo mi hogar. Me despierto con el canto de los pajaritos que revolotean alrededor de los pocos arbustos que pueblan el lugar. Cortina de par en par y una vista privilegiada hacia el Pacífico impetuoso. Guanaqueros amanece gris. La vaguada costera se disipa lentamente. Sin apuro, pero presionada por el sol, se deja empujar hacia quebradas y extensos valles interiores. Otras tierras ha de bañar. La lucha de poderes termina con el astro rey imponiendo su voluntad.

Con mi esposa Delma, hemos decidido que no habrá planes ni maratones, solo paz y tranquilidad. Desayuno distendido continental en la terraza. No llevamos ni zapatos ni relojes, televisor por ahora no hay (decisión propia). En la cocina cuelga un reloj cuyo objetivo es marcar los tiempos de cocción de los alimentos; sólo eso. Acá todo fluye y no falta en qué entretenerse.

Desde la terraza imagino que el pueblito se despierta, pero desde donde estoy no se distingue nada, el silencio es total. Alcanzo a ver unas lanchas y botes: seis, siete o más. En la orilla habrán muchos otros alistando su salida al ancho mar. Se desata una febril actividad de amarre y desamarre de embarcaciones, ajetreo de pescadores, hombres fileteando pescados, el volar de gaviotas y el chapoteo de los lobos de mar. Muy cerca vendedores de artesanías y artículos chinos que no pueden faltar. Turistas nacionales que vienen y van con sus críos y sus mascotas bien forongas, generalmente de la capital. Y merodean muchos perros vagabundos, porque acá, como en cualquier parte de Chile, siempre habrá un perrito triste, sin dueño, que añora un pedazo de pan.

Y con la contemplación del paisaje se nos va la mañana. A las doce en punto suena la sirena. Se emite desde el cuartel de bomberos y desde allí, abrazando la pintoresca caleta, se extiende cual lastimero aullido por todo el litoral.

¡Cómo no recordar mi infancia! ¿Cómo no volver la vista atrás? ¿Cómo no rememorar aquella otra sirena, la de Santa Cruz del Sur? Estruendosa y aguda sacudía todo el pueblo, su ancha playa y balneario. Acto seguido desde los galpones del combinado pesquero de Santa Cruz del Sur se derramaba un mar de gente, mayormente mujeres jóvenes, quienes con inusual algarabía después de la primera jornada laboral, volvían a sus casas a preparar el almuerzo para sus familias: arroz blanco, plátano frito, frijoles y un trozo de pan. ¡Qué tiempos aquellos!

Vuelvo al presente. Entre recuerdos y charlas nos vamos acomodando a las necesidades que van naciendo del día a día, sin apuros. Pasado el mediodía el aperitivo no puede faltar. Es la hora de abrir el bar. Antes de esa hora, jamás, sería un verdadero despropósito. 

Un ruido a lo lejos casi imperceptible desde la casa indica que se acerca un vehículo por el camino principal. No es visita. Seguirá de largo sin parar como otros tantos, y se perderá tras las lomas de exigua vegetación, arena y sal. De repente aparece el carro que reparte el agua y el del gas licuado, con una frecuencia nunca antes vista, tres o cuatro veces al día (ni parecido a Cuba que hay que esperar hasta tres meses para que te traigan el gas). Disculpen la comparación que algunos tildarán de odiosa, pero en mi caso es inevitable no recordar. Nunca podré olvidar las peripecias de mi madre  cuando en La Habana se nos acababa el gas licuado. ¡Ay no!, no quiero volver atrás.

El otro día, cosa rara, pasó muy lento un bus de turismo. Se detuvo por unos instantes. Unos pasajeros, viéndome arrastrar unos cactus para plantar en mi hogar, comenzaron a tomar fotos del lugar. ¿Acaso ellos creían que estaban ante la presencia de un autóctono de la zona? La vestimenta mía no era precisamente para nada regular. Cuán lejos estaban de la verdad. "Soy citadino, señores–pensé- y además extranjero en esta pampa desierta al sur del continente". Pero no me pidieron explicaciones y me dejé fotografiar y hasta saludé levantando la mano con entusiasmo. Continuaron su viaje sabe Dios con cuántas ideas elucubrando otra realidad.

Pero quiero centrarme en Guanaqueros, contarles de este apacible lugar, tradicional balneario veraniego y caleta de pescadores artesanales.

Guanaqueros es un pueblo chico sin parque central ni glorieta, pero cubierto con todos los servicios básicos: Estación de bomberos, retén de Carabineros, una escuela grande, una cancha de fútbol, una iglesia católica y una farmacia móvil, una posta de urgencia, un cajero, una abundante red de carnicerías, restaurantes con amplias terrazas “El Pequeño” que no es tan pequeño, “El Suizo” y el "Miramar"; y negocios de todo tipo para comprar. Hay aromas que me llevan necesariamente  a otros lugares del ayer. En cada rincón o esquina hay siempre algo que contar y si no se muestra, valdrá la pena intentar descubrir, porque es bien variopinto el entorno; tanto así que viven una manicurista rusa, un hacedor de llaves noruego, una peluquera checa o eslovaca, vaya a usted a saber en verdad; un croata flameando su insignia nacional, un alemán, dos suecos, un mexicano, un nicaragüense, muchos venezolanos de la diáspora (¡qué raro!), ecuatorianos del altiplano con su larga trenza color negro azabache que los identifica y los hace distintos a los demás, y unos aimaras que orgullosos de vez en vez sacan su bandera  a flotar; y no olvidemos a los haitianos que en busca de un futuro mejor, ya se asentaron en estas tierras indómitas. Gitanos no he visto, dicen que no hay.

Cerca de mi casa, también en medio de la nada, se levanta un centro religioso “Iglesia Metodista Pentecostal”. Ya conozco a su pastor, persona muy respetuosa con el que he compartido un par de veces. Encuentros distantes pero muy fructíferos porque él es muy amable y conversador a diferencia del resto. Los pobladores acá son densos, hoscos algunos, gruñones y de mal genio otros. Corteses muchos, pero contado con los dedos de la mano los que son buenos para la cháchara. En general ellos hablan poco y observan mucho. Se da una coherencia especial de silencio profundo y estado de quietud, armonía que no se expresa en el ruido, sino en una permanente calma que se expande entre la distanciada vecindad. 

Entiendo que el bienestar no se da en las palabras que se comparten como en la gran ciudad, sino en el silencio permanente que responde a la cercanía que ellos tienen con la inmensidad del mar. A diferencia de las grandes ciudades y la prisa que las caracteriza, acá el aire puro y el abundante yodo, brota como terapia de paz y envuelve a su sosegada gente.

En cambio en la feria se da otra realidad. ¿Y si nos llegamos hasta la feria el sábado para entender mejor el ambiente? No estaría mal. La feria siempre es lugar donde confluyen todos, no solo para comprar sino también para socializar. Aparecen toldos multicolores, carritos y camionetas ofreciendo productos frescos, hermosos y a un precio mucho más barato que en la ciudad. Abunda la oferta de queso de cabra, huevos criollos, paltas, frutas y hortalizas del sector. Acá se pausa por un rato el silencio para entregar otra postal totalmente diferente. Entre lugareños y extranjeros  se da una dinámica especial. Conviven con los acentos caribeños que aportan nuevo color al pueblo. Cada sábado aparece una energía distinta, tan distinta a la timidez nortina. La bahía mansa se regocija con la algarabía de sus habitantes. El temperamento de los lugareños moldeado por la paciencia que exige el mar, se desdobla, deja atrás sus frases con monosílabos para batirse a duelo con la algazara del lugar.

Grita un vendedor: "casero cómpreme pescado, que hoy es Shabbat. Pescado sanito y fresco. Ayúdeme con la compra, caballero, que necesito ponerme al día con el diezmo". ¿No es realmente genial? Y al lado, un haitiano, que también se ha instalado a vender de un cuanto   hay, pregona: " Si les gustan las negras, caserito, tengo las mejores . Y tras una pausa maliciosa mostrando socarronamente su blanca dentadura, agrega -"Aceitunas negras de las de verdad, de las buenas de Azapa". Y saca sonrisas el haitiano, tímidas, pero las saca.

Me encuentro al cura del pueblo que ya vuelve de misa. Se codea con unas señoras artesas y otras locales más emperifolladas. Una de ellas acompañada de su nana "la Juanita" que arrastra las bolsas con apio, acelgas y otras hortalizas, regatea sin cesar. Obvio, si estamos en Chile, esa estampa no podría faltar. Se acerca una familia en patota con cara de mirar pero no comprar. Son como ocho hermanos o primos, larguiruchos, delgados pero no esmirriados, rubios, ojos claros, con estatura que promedia el metro ochenta o más. "Por aquí estuvo la huella alemana", pienso yo. "Esos son de Puerto Velero" me aclara una vendedora sin yo preguntar.

¿Será que soy muy observador y me acusa mi actitud con frecuencia? Una vez mi hija Constanza en Santiago, también en una feria me dijo: "Papá, mira cuánto quieras, pero hazlo con disimulo. Eres demasiado evidente". Y yo me largué a reír porque ella tenía razón.

Entonces voy a ser precavido y obviaré la presencia de dos travestis que trajinan frutas, y de unos mormones extranjeros con impoluta camisa blanca y su placa de identificación conocida como nametag, "Elder Smith" (dicen que son neoyorkinos) y realizan su servicio misional. Ya les comenté anteriormente, que la fauna es amplia y democrática.

Se cierra la feria y con ella vuelve a apagarse el pueblo que entra en un estado de soponcio y calma fantasmal, estampa muy característica de los pueblos caribeños al mediodía que describe en sus cuentos García Márquez. Y así se mantiene hasta que llega un feriado largo y la vida de nuevo renace por un rato. Aunque verdaderamente Guanaqueros se despierta y sacude el letargo en diciembre y dura su alboroto hasta fines de marzo. 

El mar, siempre frío. Nunca cálido. En verano permite un ligero chapuzón pero sin engolosinarse “un ratito nada más” como dicen los chilenos. Masa de agua mansa a ratos, pero tumultuosa por naturaleza. Olas que no alcanzan para furtivos e intrépidos surfistas pero que aterran a simples bañistas que acuden al lugar. La playa es larga, con mucha arena y vientos que nunca adivinas cómo se van a comportar. Pero uno se va adaptando poco a poco.

¿Algo criticable? El manejo de la basura, y los desechos que los  transeúntes lanzan a lo largo de los caminos, ya parece deporte nacional. Todos los días cuando salgo de paseo con mi perrita Tete voy recogiendo latas y botellas. La falta de empatía con el medio ambiente y las incivilidades transforman el entorno en foco de insalubridad.  Tarea pendiente por solucionar.

Y así cae la tarde sobre Guanaqueros. La luz dorada del atardecer que corona los altos cerros es única e impresionante. Los tiernos gorriones vuelan a sus nidos. Cae la noche, la luna se deja ver custidiando un cielo con una luminosidad distinta, donde las estrellas viajan sin distorsión.   Se instaura la soledad.,

Nos vamos a la cama. Nuestros cuerpos empiezan a perderse entre sueños arropados por el murmullo del mar. Ni tan cerca para que las olas rompientes en la costa nos desvelen, ni tan lejos como para dejar de escucharlas al lamer la orilla del mar. 

Se acabó

Comentario en off. Un pariente que leyó los apuntes sin corregir ni terminar, indicó muy aireado "Pero te faltó contar que...…"

Interrumpo bruscamente _ eso que notas que falta, hoy me lo voy a reservar.


Guanaqueros, Octubre 2026

domingo, 27 de septiembre de 2026

Vagando por negros caminos












Vagando por negros caminos



A Jorge Ignacio Zaldivar lo conozco desde mi temprana adolescencia cuando visitaba a mi familia con frecuencia en Camagüey. Porque pasar por casa y compartir un café o unas torrejas en almíbar preparadas por María Rabassa para él era un placer. Y Jorge como sabía hacer de todo un poco, aprovechaba para ajustar una puerta, clavar un cuadro, colocar un tornillo, revisar una cañería y cambiar un mueble de lugar. Iban apareciendo cosas que a mi madre se le ocurría que ya era hora de reparar. En eso la pasábamos, inventando y resolviendo en un país ya entonces sin ferreterías y por supuesto sin herramientas, ni repuestos. Luego nos mudamos a La Habana y su familia también. Y la historia se repetía.


- Jorge, revísame la plumita que está como trancada. - le pedía mi mamá.


_María Rabassa, el problema no es la llave, es la falta de presión del agua y las tuberías, que son de la época colonial.


Así que seguimos siempre en contacto. Jorge hoy reside en España, pero eso no quita que nos mantengamos conectados. A ratos compartimos actualidad internacional tal como hacíamos en La Habana cada vez que yo regresaba de un viaje del extranjero. Hasta el día de hoy de vez en vez seguimos revisando y repasando detalles del presente y pasado de Cuba. En estos días me habló de un reportaje, que le había impactado, acerca de un chileno, cuya historia y nombre él por primera vez escuchaba. Se trataba de Max Marambio, sus negocios en la isla, sus vínculos con el poder, su vertiginoso ascenso y su estrepitosa caída con un final delicado y escabroso a la vez.


– Oye Manolito, de las cosas que uno se entera estando fuera del país. ¡Qué cosa más grande, Caballero!


– Jorge, todos los días salen a luz cosas que uno nunca se imaginó que sucedían en la isla.


De estas y otras tantas cosas Jorge Zaldivar se venía a enterar 16 años después, porque en la hermética Cuba castrista no se mencionaban estos temas y si acaso aparecían pequeños guiños, pedacitos sabrosos que se ventilaban en reuniones y cumpleaños donde no faltaban empresarios y militares quienes después de unos tragos de ron daban rienda suelta al cotilleo, nutriendo con anécdotas el amplio abanico de comidilla nacional.


– Jorge, el Tal Max Marambio es todo un personaje. Entrañable amigo de Fidel Castro, de esos pocos amigos que lograban hasta colarse en la cocina del comandante a comer langosta a altas horas de la madrugada. Lo mismo que hacía Gabriel García Márquez. Y no te estoy mintiendo, está documentado por ellos mismos. Uña y carne. ¡Ya te puedes imaginar!


_ O sea, ¿mientras tú o yo estábamos de dos a cinco de la madrugada haciendo la guardia del Comité, estos se atragantaban con mariscos?


_O mientras Mayra, tu mujer, cuidaba una cola a esa mima hora para comprar un par de zapatos por tarjeta para tus hijos, ellos discutían desde una amplia y cómoda cocina cómo hacer de este mundo un espacio mejor y más democrático.


– Jajaja. Una cocina bien abastecida, supongo. Pero de nada le sirvieron las cenas largas y suculentas si después cayó en desgracia y en los giros turbulentos de los acontecimientos se llevó también la vida de su socio comercial Roberto Baudrand. Al menos eso es lo que he leído.


– Tienes toda la razón. Del Gerente General de la empresa Río Zaza, Roberto, chileno también, se escribió mucho en su momento. Por eso conozco la historia. Y dentro de Cuba, desde la cúpula del poder, muchos tildan a Marambio de descarado, revolucionario oportunista que devino en auténtico capitalista en un territorio socialista.


_Vaya mezcla, que más parece trabalenguas.


_Y otros, cuando hablan de él, terminan el relato sin mayores argumentos con una frase muy cubana “cayó en desgracia bajo las botas que sin remilgos gustó lamer”.


_Fuerte comentario, amigo.


_Fuerte, pero son las cosas que han salido a la luz. Basta con buscar en internet.


A esta altura del chateo, que prometía ser interesante hice una pausa y me dispuse a prepararme algo de tomar. Esta historia se ponía sabrosa y debía trasmitírsela a Jorge, hombre ávido de conocimientos, con los detalles que yo conocía y podía aportar. Esta conversación indiscutiblemente merecía un trago, pero como dice Delma, mi esposa, “sería un verdadero despropósito tomar tan temprano” y como yo religiosamente no abro el bar antes de la una, intuyendo que este chateo tomaría su tiempo decanté por un té.


Recostado en mi cómodo butacón con vistas al mar le conté a Jorge que Max había construido desde la década del noventa a expensas de Cuba una exitosa carrera empresarial. Logró lo más difícil, concretar lazos de confianza con la cúpula política y su máximo líder. Se decía que era uno de los extranjeros más influyentes. Nadie entendía dónde comenzaba lo político dónde terminaba su lado de empresario capitalista, pero lo importante y necesario era que contaba con el visto bueno del comandante y eso era más que suficiente.


_También leí que Max llegó a decir que “en Cuba no había carencias fundamentales”


_ ¿Acaso el amigo de Fidel, que vivía con todas las comodidades habidas y por haber, que entraba y salía del país como Pedro por su casa, no conocía de las interminables colas, de los eternos apagones, de la escasez permanente de medicamentos básicos, alcohol, aspirina, algodón?


–Ese nunca estuvo por mi barrio, ¿Te acuerdas Manolito en las condiciones que estaba?


_Y eso que tu barrio no era de los peores. Tampoco caminó alguna vez por las calles insalubres de La Habana Vieja donde las casas se caen a pedazos, visitó solares con sus viejos postrados que dependen de una misera jubilación y de la caridad del vecino. No se topó con cubanos que día a día luchan contra la mediocridad y el abandono. No amigo mío. Max estaba pendiente del resultado final de su negocio que consistía en vender a los cubanos de a pie un juguito de fruta cubana, cultivada y cosechada por los mismos cubanos. ¿Te acuerdas? Un jugo que costaba 80 centavos dólar cuando el salario promedio era de 13 dólares al mes.


_Así miso era y así sigue siendo.


_María Rabassa, mi madre, ganaba 9 dólares, ¿cómo podía destinar casi un dólar a un juguito nacional? Jorge, bien decía mi abuelo, que en la época de Batista en cualquier rincón había puestos de frutas con exquisitos y refrescantes jugos naturales. Entonces los jugos de Max sabían a contradicción del sistema. Nadie se detuvo a pensar en ello, miraban para el lado y en esta isla, del sálvese quien pueda, se beneficiaba el más astuto. Así se expandió el imperio Marambio y se desarrolló sin inconvenientes hasta que explotó el caso de corrupción y desvío de recursos.


Cuando se destapó la olla del denominado caso Marambio, a diferencia de Jorge, yo en Chile tenía acceso a mucha información, revisaba los apuntes y sacaba mis propias conclusiones. Sometida su empresa Río Zaza a juicio y tras perder de un día para otro el apoyo del máximo líder, su entramado negocio, que ya abarcaba líneas aéreas e inmobiliarias, se vino abajo. El mismo sistema que lo ensalzó lo sepultó de un plumazo.


_Jorge, complementando lo que tú me cuentas, eso del desplome fue en el 2009. Los sectores más ortodoxos dentro de la vasta casta militar pedían su cabeza. El señor que implementó mecanismos capitalistas en suelos estalinistas ya no era bien mirado. Max se escabulló como pudo, a lo mejor ayudado por antiguos amigos que le debían favores. Sabía que no podía volver a la isla. Eludió y evadió la justicia so pretexto de que no tendría un juicio digno.


_O sea, ¿desconoció la justicia socialista que tanto pregonó?


_Tal cual, al parecer en ese momento dejó de ser la justicia socialista justa y decorosa. Declarado en rebeldía y con orden de captura internacional se esfumó dejando a su socio en la cloaca comunista bajo la estricta lupa de los órganos de seguridad del Estado y la pesada bota del Poder.


_ ¿Y qué pasó con su socio?


_Abandonado a su suerte, el socio quedó retenido en la isla con orden de arraigo y no lo salvó ni el médico chino. Lo encontraron sin vida en su casa de Playa un 14 de abril del 2010. Por supuesto que el suceso generó conmoción y tensión diplomática entre La Habana y el gobierno de Piñera. Los familiares cuestionaron la versión oficial de las autoridades cubanas quienes hablaban de un paro respiratorio como causa de muerte y hasta se habló de suicidio. Se pidió explicaciones. Se aseguraba en algunos círculos que lo habían eliminado para silenciarlo. E incluso se exigió que extraditaran el cuerpo para realizar otra autopsia y revelar la verdadera causa de muerte.


_ ¿Y se supo algo?


_La cancillería hizo gestiones y negociaciones para levantar la orden de arraigo y así poder trasladar el cadáver. Tras el arribo del cuerpo, un silencio sepulcral se adueñó de la historia. Nunca se sabrá.


– O sea, misterio sin resolver.


_ Pero te cuento más, querido amigo. Como este mundo es tan chico la vida estuvo a punto de ponerme literalmente a cenar al lado de Marambio. Te haré el relato corto, pero espera un poco.

Como esta conversación cada vez se ponía mejor, dejé el chat a un lado y volví a la cocina por una copa de vino. Ya estamos en la hora. En España atardece, pero acá es el momento ideal para un pinot, o merlot, o qué sé yo. Siendo chileno, en estricto rigor es bueno.


Jorge, una colega de trabajo, cuya hija contraía matrimonio me invitó al magno evento y para sorpresa mía me comunicó un par de días antes que me había ubicado en la mesa al lado del distinguido Max Marambio. Cómo tú comprenderás, se me revolvió el estómago en el instante y le comenté mis razones para declinar la invitación, o en el mejor de los casos le pedí que procurara cambiarme de lugar. "Imposible_ me respondió _ ya está todo planificado". Ella había obrado de buena fe. Qué mejor que ubicarme al lado de un hombre que había estado vinculado con Cuba tanto tiempo.


_ ¿Y qué tú hiciste; hermano?


_Nada. Entendiendo los protocolos chilenos y los estrictos plazos para poder realizar cambio alguno, desestimé asistir. No podía estar comiendo al lado de un hombre vinculado a operaciones secretas militares y comerciales, las palabras Gap, Mir, tropas especiales. Tendría que preguntarle por su amistad con los hermanos Tony y Patricio de la Guardia, uno fusilado y otro preso por la dictadura cubana. Todos estos datos y situaciones eran demasiado sensibles. Mucho polvo debajo de la alfombra. Una aspiradora nos resultaría fatal.


_ ¡Tremendo!


_En resumen, no tuve estómago para estar cerca de él. La colega lo entendió porque al igual que tú no tenía ni la menor idea de toda la mochila llena de caca que cargaba este hombre y cuyo historial yo conocía desde mucho antes.


_Cualquiera haría lo mismo en tu lugar.


_Así terminó esta historia. Por eso cuando me hablaste hoy de Marambio fue como un “es el momento de vomitar”. Compartir esta historia sirve para refrescar, para entender cuán engañados nos mantuvieron y cuántas otras muchas cosas faltan por salir a luz.


_Y capaz que no sepamos hasta que se caiga el régimen y se abran los expedientes secretos tal como ha ocurrido en Alemania Oriental y en los países de Europa de Este.


_Totalmente de acuerdo.


_Agradezco todo lo que me has contado, porque complementa lo que vi en ese reportaje periodístico. No sabía lo que significaba GAP (Grupo Amigos Personales) algo así como la guardia armada del presidente. Tampoco sabía de la relación estrecha de Max con Allende, entre otras cosas.


_ Las vueltas de la vida y la experiencia dicen que no hay mal que dure cien años y más tarde que nunca la verdad saldrá a la luz.


_ ¿Y qué es de su vida hoy en Chile?


_Hace poco vi una entrevista. Está alejado de la política, centrado en sus negocios. Se le veía sólido, y ante las preguntas capciosas no acusó recibo. No carga ni asume culpas. Insiste en que hizo el bien y actuó correctamente. Esa fortaleza podría ser considerada por sus detractores como cinismo. ¡Vaya usted a saber!


_La fortaleza desde la vereda del poder.


_Me has sacado la palabra de la boca. Por otro lado, olvidé contarte que hasta donde sé, la familia de su socio comercial, por respeto, no solicitó segunda autopsia y se atrincheraron con su dolor en silencio frente a los medios de comunicación.


_Yo acá leí unas declaraciones suyas a raíz del gobierno de Díaz–Canel y su desenvolvimiento en el poder. Era un análisis, desde su óptica, bastante profundo. Contó que lo conocía desde los años ochenta. Mira desde lejos el proceso, pero no se distancia totalmente de él. Todavía ve esperanzas donde le pueblo ve desilusión y asevera que “Díaz –Canel actualizará el modelo económico, eufemismo que en Cuba se usa cuando quieren cambiar algo para lograr una vitalidad inexistente”- palabras textuales. Argumenta que el poder está absolutamente en manos de Raúl.


_Exacto. ¿Y te das cuenta de que habla de Raúl y los altos dirigentes como si se tratarán de viejos y entrañables amigos? Muy raro por decirlo de algún modo.


_En esa entrevista habló de la dependencia de Cuba de la URSS, del período especial, cuando la gente pasó hambre y enfermó, de las vicisitudes del pueblo. Ahí lo encontré más sobrio, con giros inteligentes. Hablaba con cariño y nostalgia. Y como dices tú, yo tampoco entiendo nada.


_ ¡Qué terrible de todo lo que uno se va enterando con el paso del tiempo! - Enfatizo.


_Así es amigo mío. ¡Y no hay más na!- como decimos en Cuba.


_Dejémoslo hasta aquí porque en esta historia seguirán los cabos sueltos, los cabitos caprichosos que aún están por ser contados. Gracias Jorge. Gracias por este espacio y tu tiempo.


De fondo, mientras vamos cerrando el diálogo, escucho un bolero de Orlando Contreras “vagando por negros caminos”. Miro mi copa de vino, la alzo y refresco mi paladar. Obvio que seguiremos en contacto-pienso- seguiremos descifrando el tedioso pasado y la mierda qué nos tocó consumir desde que éramos muy jóvenes.


Y me despedí de mi amigo Jorge con esta frase que dijo alguna vez un filósofo “La alegría es fugaz y superficial, el sufrimiento y el dolor que nos provocaron tienen carácter eterno”.

Guanaqueros, septiembre 2026.

martes, 4 de agosto de 2026

Plan Jaba

 


"Plan Jaba" 


Por las inclemencias del tiempo que han azotado últimamente la zona, dejando los caminos intransitables, el servicio de despacho a domicilio en Guanaqueros se ha visto parcialmente interrumpido.  Pudimos realizar compras on line con retiro en un centro comercial de La Serena (me reservo el nombre para no hacer publicidad). La operación, expedita y gratificante me hizo recordar el famoso "Plan Jaba" del cual mi mamá en Cuba era beneficiaria. Era un beneficio para mujeres trabajadoras quienes el primer día de cada mes antes de ir al trabajo pasaban por la bodega del barrio y entregaban al bodeguero sus jabas (entiéndase bolsas grandes de saco) y la tarjeta familiar de abastecimiento. Al final de la jornada laboral mi mamá pasaba por la bodeguita, sin hacer la consabida extenuante cola, pagaba y se llevaba a casa sus jabas con los alimentos que tendría que estirar lo más que pudiera haciendo maravillas con los escuálidos productos asignados para los treinta días. Generalmente la cuota del mes no pasaba del día 25 y de ahí en adelante venían los malabares que hacía María Rabassa para mantener encendida la cocina. Y así años tras años hasta que jubiló. Jubilada perdió el beneficio y volvió a las interminables y deprimentes colas todos los primeros días de cada mes (los malabares nunca la abandonaron). Situaciones dispares si comparamos a la Cuba de ayer y hoy con el Chile presente, pero en mi caso es  inevitable evadir el pasado en la isla y traerlo de vez en vez cual pesada mochila al hombro. Nunca, es malo mirar atrás. Qué tiempos aquellos!   

Guanaqueros, julio 2026

jueves, 30 de julio de 2026

Aniversario

 



Aniversario

                                                     “Hay que abordar las cosas desde dentro, no solo con seriedad, también es necesaria la pasión” / Stefan Zweig.   

                                                         Pocos me entendían cuando les hablaba sobre la necesidad de jubilar a penas cumpliera los sesenta y cinco, no por cansancio físico sino porque me faltaba tiempo, ese tiempo que se perdía en los rígidos horarios laborales y nimiedades de la cotidianeidad. Ahora dispongo de ese tiempo que distribuyo a mi antojo. Dulce libertad, lejos de exigencias, sin compromisos. Primera etapa, un viaje a Nueva Zelanda en familia, luego una larga estadía en Guanaqueros donde sin poner en peligro el equilibrio secreto que la naturaleza nos concede, hermoseamos el entorno. Apareció una vitalidad desbordante. Mis manos, reflejo de un largo camino intelectual se volcaron al trabajo arduo para desmalezar, plantar y embellecer el lugar. Descubrí en mí una fuerza bruta que nunca antes creí tener. Despertó ese pasado cuando en Cuba obligatoriamente iba a los “trabajos voluntarios”, (Eufemismo socialista). Surgió ese cansancio reconfortante que disfruto porque veo resultados inmediatos, trabajo por mí y para mí. No hay espacio para la monotonía, sí para la reflexión y el bienestar. Me compré una guataca (entiéndase azadón), una picota, un taladro, un rastrillo y muchos libros que no podían faltar. No soy derrochador, cine, teatro, conciertos, muchas tertulias,  juegos de mesa entretenidos y cero preocupación. Que tenía planificado hacer más cosas en este primer año? Es cierto. No viajé a Cuba, tampoco a Estados Unidos, no he concretado mi Podcast de literatura, pero son cosas que ya vendrán. Los que a mis  espaldas vaticinaron que ya me verían aburrido, sentado en un banco echándole migas a las palomas, tendrán que esperar mucho más, porque tiempo, energía, sabor y como decía Stefan Zweig, Pasión, siempre habrá. Feliz aniversario.  

Guanaqueros, julio 2026

miércoles, 20 de mayo de 2026

Tete y compañía

  



 Tete y compañía.          

Hoy les quiero contar sobre Tete, la mascota que heredé de Isadora cuando ella no pudo llevársela a Nueva Zelanda por razones que antes ya había relatado. No fue sorpresa porque siempre intuí que eso podía pasar, y aquí estamos ocho años después  compartiendo con Tete y cubriendo todas sus necesidades. Ahora, en esta etapa de jubilado, la hemos trasladado de ambiente y le hemos cambiado el cómodo apartamento de Providencia por este otro entorno rural, Guanaqueros.  

Las mascotas de ciudad suelen disfrutar el doble cuando descubren la libertad que les brinda el campo y la playa, el espacio abierto, el aire más puro, el silencio y el sonido de las aves que pueblan el entorno. Acá en Guanaqueros se ha sumado un entretenimiento a los paseos de la Tete. Se trata de dos perras tan adultas como ella, pero que la superan en tamaño y volumen. Blue y Negra. Son vecinas. Todas las mañanas vienen temprano y esperan pacientemente a que salgamos al paseo matutino. ¡Qué gran compañía han armado! Al principio yo andaba con recelo, sobre todo porque la Blue y la Negra, aunque tienen dueño, se han criado bastante salvajes y al parecer no tienen hábitos ni comandos establecidos. Lo que descubrí con el tiempo es que el placer de ellas residía en custodiar a la más pequeña y en varias ocasiones han demostrado su valía al defenderla cuando se acercan otros perros. Son como verdaderas guardaespaldas. Una con más energía que la otra dosifica su andar para no desenmarcarse del trio. Y Tete ha empezado a copiarles. Antes en Providencia evadía los charcos de agua de una manera bastante aristócrata, en cambio ahora los busca con entusiasmo y los enfrenta, ojalá con lodo porque eso la hace sentirse parte de la manada. No tengo claro si es por copiona o por placer, pero lo concreto es que se sacudió las reminiscencias del barrio citadino. Dejó atrás los ruidos de la ciudad, el cemento y pavimento de Andrés Bello para mimetizarse a tiempo completo con  este nuevo entorno natural. Verla pasear e interactuar libremente, me llena el corazón. Sus patitas llenas de barro es en todo caso una cuota de felicidad para mí y entiendo que esta vida, mitad campo, mitad playa, le ha devuelto su lado más salvaje sin dejar de ser la tierna perrita de antes. Sigue con sus otros hábitos, sus largas siestas y una que otra exigencia cuando se acerca la hora de comer, porque en eso sigue siendo muy fina. Pollo a la parrilla, pescado fresco, salmón austral. Pablo, mi cuñado, siempre dice que cuando él muera se quiere reencarnar en la Tete porque “Pucha que come bien”.   Tete, la Blue y la Negra suena como el nombre de la mejor  banda perruna  de rock del desierto, pero en realidad son tres adorables perros que se acompañan y dan placer. Se sientan sobre el pasto y estropean las añañucas. El paisajismo no es lo de ellas y podrían catalogarlas de criminales los ambientalistas. Lo importante es que desde su comportamiento salvaje y natural ha nacido una genuina amistad que solo yo he logrado entender. El amor está ahí, se materializa dos veces al día en las mañanas y en las tardes cuando nos toca con calor, frío o lluvia salir a enfrentar por estos caminos la indómita naturaleza. Bienvenidas estas vecinas y bienaventurados los que podemos  disfrutar a las tres. 

                                         Guanaqueros  2026