CORREO ELECTRONICO

martes, 8 de septiembre de 2026

A través de una nube blanca

 "A través de una nube blanca"            

                                         Aotearoa            

Ayer mi prima Elizabeth Rabassa, residente en Cuba, enterada de mi estancia en Nueva Zelanda, me preguntaba qué me parecía este país. Quería noticias, pero rápidas porque con el tema de los apagones temía que no le alcanzara la batería para tanta cháchara. Sí, Elizabeth es la misma prima dicharachera y garabatera, protagonista de mi otro relato "Mujer enamorada junto a la batea cantando" publicado en mi blog literario. Esta vez como siempre la ansiedad la arrebataba, pero yo tenía solo dos alternativas, o le decía simplemente “Este es un país maravilloso", o explayarme como acostumbro a hacer. Vamos por la segunda opción.  

_Elizabeth, hemos recorrido en un camper las dos islas, ambas mucho más grandes que Cuba. Imagínate el panorama, dos jubilados con sus hijas adultas compartiendo espacio, tiempo y construyendo anécdotas entre conversaciones profundas o charlas simples y nimiedades como “Qué vamos a comer hoy”. Siempre frente a paisajes monumentales en un viaje sin prisa ni pautas. Ya te mandaré fotos. Estoy trabajando un texto más detallado sobre Nueva Zelanda y su vida, sobre Auckland que no es la capital, pero si la ciudad más poblada; sobre los kiwis y sus varios significados, sobre la población maorí, sobre la ganadería, motor económico de la vida, superando ampliamente en números a su población humana. Algo así como sucedía en nuestro Camagüey hasta que llegó quien tú sabes al poder y nos dejó sin ganado y sus derivados. Y no solo eso, porque con el ganado desaparecieron las verduras y hortalizas. ¿Dónde fueron a parar los extensos mangales del tío Elio Rabassa? ¿Te acuerdas?  

_ ¡Ay, primo!, ¡cómo no voy a acordarme!

_Elizabeth, hemos constatado el esmero que ponen sus habitantes por cultivar la tierra, producir y al mismo tiempo cuidar la naturaleza. Las vastas extensiones dedicadas a la cría del ganado y sus granjas así lo demuestran.

Me atropello hablando porque tengo muchas cosas que contarle.

Y mientras hablo con Elizabeth pienso necesariamente en Cuba, mi querida isla pisoteada por la bota comunista. El gobierno queriendo copiar los fallidos “logros” soviéticos creó comunidades agropecuarias improductivas y cooperativas agrarias inoperantes (los famosos Sovjov y Koljov stalinistas al más estilo caribeño). Y como resultado terminó hundiendo al pueblo en la hambruna y el absoluto desabastecimiento. Los guajiros fueron sacados de sus bohíos. Los convencieron con una lavadora rusa y otros electrodomésticos de mala calidad, que agrupados en gallineros de concreto tendrían más comodidad y mejor desenvolvimiento en el ámbito productivo. Y sucedió lo inverso, retrocedieron. En verdad sufrieron el desarraigo. Arrancados de sus valles y colinas donde no faltaba el aguacate, el mango, la piña, cosecharon en lugar de frutos, penurias. Y hasta hoy día no ha cambiado nada. El régimen cubano mientras siga controlando la economía a través de su aparato militar (por lo demás deficiente) vivirá de la victimización y se distanciará cada vez más del desarrollo de estas otras pequeñas islas donde no falta comida y sobra libertad. Si el capitalismo convierte los lujos en necesidad, el socialismo convierte la necesidad en lujo. Como resumen puedo afirmar que la igualdad, manido concepto que ocupa la izquierda, no es un criterio de justicia, es solo una guillotina que sirve para que los ricos y los pobres bajen a peldaños inimaginables de empobrecimiento crónico y común, mientras esperan el futuro luminoso y las grandes alamedas.

_ Acá en Nueva Zelanda no hay pancartas llamando a redoblar los esfuerzos, no hay consignas, solo hay una voluntad de crecer. Los granjeros trabajan harto, enfundados en sus gumboots, botas de goma indispensables para enfrentar el lodo del campo, pero también se les ve relajados, abrigados con gruesas chaquetas, pero muchas veces en shorts en un bar al estilo irlandés. Bares que aparecen de la nada, perdidos entre las granjas (station) y los galpones de esquilas. Y ahí están ellos tomando cervezas o disfrutando un whisky. Esto si es vida y lo demás bobería, chica.  

_¡A viaje! - exclama Elizabeth con entusiasmo.

_Algunos a pesar del frío, andan descalzos.   Peculiaridad de este país donde hasta en las ciudades puedes ver gente sin calzado en una tienda, a la salida de un colegio o un portal.   Es una costumbre aceptada por todos.  No te puedo enviar fotos porque sería una invasión a la privacidad.

_Pero ¿qué es eso caballeros!  

_Por el camino hemos visto pueblitos pequeños, pulcros, ordenados con servicios básicos y supermercados atendidos por indios, asiáticos serbios, croatas. Hasta una búlgara me encontré por acá, pero eso es una historia emocionante que debe ser contada con más tiempo en otra oportunidad.  

Con el dolor del recuerdo y Cuba en mi corazón, seguí contando a Elizabeth Rabassa de las bondades de esta isla tan distinta y especial, hasta que me preguntó:  

_¿Y cómo salimos de este subdesarrollo crónico, primo?

_Nadando querida prima- le dije yo- Nadando.

_¡Qué cosa más grande, caballero!

Y de pronto se cortó la comunicación.

Apurando el paso, apagué el celular y seguí curioseando el ir y venir de las pocas personas que me encontraba en los alrededores de Meola, Kiwi Road y Wakatipu Street en el hermoso barrio de Point Chevalier.

Elizabeth querida, ya volveremos a conversar, y te prometo que despejaré desde acá todas las nubes blancas para que puedas ver con total transparencia cuán hermoso y desarrollado es este país.

 Auckland, noviembre 2025